La ingeniera Ainara López Maestresalas (Pamplona, 1984) ha estudiado herramientas que permitan a la industria agroalimentaria alcanzar un mayor control de calidad de manera no destructiva, eficaz y sostenible para uno de los cultivos de más producción y consumo mundial: la patata. En concreto, tal como recoge su tesis doctoral leída en la Universidad Pública de Navarra (UPNA), ha identificado, mediante radiación infrarroja, las variedades más cardiosaludables y ha detectado, de forma precoz, los ejemplares con daños, pues, si estos llegan a los hogares de los consumidores, absorben más aceite durante la fritura.
Para evaluar la calidad de la patata, su investigación se ha centrado en la utilización de una técnica (la espectroscopia en el infrarrojo cercano o NIR, por sus siglas en inglés), que consiste en estudiar la absorción o emisión de energía por la materia en el rango del infrarrojo cercano, la zona del espectro electromagnético situada al final de la zona visible. La composición química y la estructura interna de la patata afectan directamente a la absorción y dispersión de la luz emitida sobre la muestra que se va a analizar, por lo que el estudio de cómo se refleja dicha luz proporciona información sobre estos aspectos.
Combinando la citada tecnología y otras técnicas estadísticas, Ainara López llevó a cabo una clasificación y determinación de compuestos químicos en la patata. “Por un lado, desarrollé un análisis cualitativo para clasificar variedades de patata y, por otro, un análisis cuantitativo para determinar la concentración de diferentes compuestos químicos. Las patatas, especialmente las variedades de pulpa morada, son una excelente fuente de vitaminas, como la vitamina C, y de polifenoles y carotenoides”, explica la investigadora, cuya tesis han dirigido las profesoras del Departamento de Proyectos e Ingeniería Rural Silvia Arazuri Garín y Carmen Jarén Ceballos.
En el estudio, se emplearon 471 tubérculos pertenecientes a dieciocho variedades de carne roja y morada. “Los resultados obtenidos permitieron identificar aquellas variedades con alto contenido en compuestos fenólicos, beneficiosos para la salud por su contribución a la reducción de enfermedades cardiovasculares —detalla López—. Estos resultados muestran la viabilidad de la incorporación de estas metodologías en programas de mejora genética para seleccionar líneas con alta concentración de los compuestos químicos deseados”.
Source:
Universidad de Navarra